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| Envidia |
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Generalmente, entre quienes provenimos de un mismo país, se entabla una relación más fuerte, ya que los orígenes y las costumbres nos acercan más. Eso fue lo que ocurrió con una vecina, profesional ella, que vivía en el departamento contiguo al nuestro. Nosotros siempre fuimos celosos de nuestra intimidad sin embargo, a ella, le abrimos las puertas de nuestro hogar y la hicimos partícipe de los encantos y desencantos de nuestra situación de inmigrantes. Le contábamos nuestras victorias y nuestras derrotas en el ámbito laboral y, tratando de ayudarla, le aconsejábamos para que no cometiese los errores en los que nosotros habíamos incurrido. Entendíamos perfectamente que, sólo ayudándonos entre todos, íbamos a salir adelante. Lamentablemente esta dama, a quien le habíamos brindado todo nuestro afecto y cariño, no entendió cuál era el mensaje de la convivencia solidaria y, en la primera oportunidad que tuvo, nos dio una estocada en la espalda que todavía duele. Como nosotros habíamos llegado antes que ella al edificio, el administrador del mismo nos había hecho el contrato de alquiler en guaraníes, lo cual nos favorecía ampliamente por la diferencia cambiaria existente, en ese momento, con el peso argentino. Cuando llegó nuestra vecina, alertado y obligado por la propietaria de los departamentos, el administrador le hizo el contrato en dólares americanos porque era una manera de cubrirse de los desfasajes cambiarios. Al enterarse de la diferencia de contratos, que se había dado por una cuestión de tiempos distintos, fue a la administración a reclamar, no porque a ella le habían hecho en dólares sino porque a nosotros nos habían hecho e guaraníes y eso, según su razonamiento, no podía ser. Por supuesto que en ese momento se rompió el encanto y nuestra relación nunca más volvió a ser la misma. Triste sentimiento el de la envidia, porque quien lo experimenta no anhela su beneficio sino el perjuicio de los demás. ¿Cómo se puede ser tan enfermo y llegar a indignarse y enojarse por la bonanza de los demás? Realmente incomprensible, verdaderamente triste. Lamentablemente, cada vez hay más personas como nuestra vecina y lo grave del caso es que, difícilmente, lo reconozcan y admitan. Porque no se dan cuenta que los más perjudicados por esa actitud, mezquina y artera, son ellos mismos. Por otro lado, el envidioso no sólo disfruta con el fracaso de los demás sino que, si está dentro de sus posibilidades, lo propicia.
Muchas veces habremos escuchado decir a algún conocido: “¿Cómo hace esa persona para tener lo que tiene, cómo puede tener tanto?”. Le interesa más la vida y los recursos ajenos que las propias posibilidades de obtener lo suyo. En nuestra sociedad la envidia es una epidemia que sería conveniente erradicar, y pronto, por la salud mental de todos. Mucha gente importante ha dicho y escrito opiniones sobre la envidia, a continuación les presentamos algunas de ellas: "La envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria." (Francis Bacon) Como podemos apreciar, no somos los únicos afectados por los envidiosos, sino que es una actitud que perdurado en todos los momentos de la historia.MGT/10.-
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Hace algunos años, cuando recién habíamos llegado a Paraguay, vivíamos en un departamento alquilado. Estaba ubicado, entre otros nueve, dentro de un edificio en el que la mayoría de los inquilinos éramos extranjeros. Argentinos, brasileros, libaneses, coreanos y paraguayos conformábamos un grupo heterogéneo de cordial convivencia y respeto.
