Celulares peligrosos

¿Quién no tiene un teléfono celular? Seguramente debe haber alguna persona a la que la comunicación no le preocupa, pero la inmensa mayoría posee uno de esos, casi milagrosos, aparatitos que consiguen conectarnos con todo lo imaginable. Pero no todo es grato y placentero, hay que saber moderarse en su utilización para que, en vez de facilitarnos la existencia, no nos complique la vida.

Actualmente, el teléfono celular prácticamente se ha convertido en una de nuestras extremidades. Constantemente vemos a la gente asida a él: hablando amistosamente o resolviendo asuntos laborales, enviando mensajes de texto hasta cuando está en el cine, jugando con él para ‘matar’ cualquier minuto de ocio… Nos exponemos cada día, por períodos más prolongados, a los campos electromagnéticos de los teléfonos móviles, y según indican varios científicos -en su mayoría cancerólogos- alrededor del mundo, esto podría repercutir seriamente en nuestra salud física y mental. No debemos olvidar.

Lo más preocupante, y peligroso, es que algunos órganos del cuerpo humano son sumamente sensibles a la exposición de los campos electromagnéticos que emiten los celulares. Es por ello que especialistas en salud han lanzado una serie de recomendaciones, para que en la medida de lo posible, evitemos pasar tanto tiempo con un celular pegado a nosotros, o que al menos tomemos ciertas precauciones cuando los empleemos.celu

Pero no sólo ahí radica la peligrosidad de la telefonía celular sino también en el uso inapropiado en el momento menos propicio y en el lugar menos indicado. Muchísimos accidentes automovilísticos se producen porque alguno de los conductores involucrados en el hecho estaba hablando por teléfono en ese momento, o recibiendo un mensaje de texto.

Para conducir necesitamos, debido a la peligrosidad del tránsito, tener todos los sentidos puestos a disposición del manejo del automóvil. Si pretendemos hablar mientras conducimos nos estamos distrayendo y una parte de nuestra atención, una gran parte, está pendiente de la conversación y, por lógica consecuencia, nos exponemos a provocar alguna colisión.

En las calles vemos a despreocupados conductores que, sin disminuir la velocidad, atienden sus celulares, cuando lo correcto sería estacionar en algún lugar adecuado y hablar tranquilamente, sin correr peligro y sin provocar daños a nadie. Mucho más grave es el caso de los motociclistas, porque ellos están muy expuestos a los accidentes y no dejan de atender el celular en el medio del tráfico intenso. Sin renegar a los adelantos de la tecnología tendríamos que pensar en cuidarnos y ser más responsables de nuestras acciones.

 

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