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| Sedentario a la fuerza |
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Existen muchas personas que nacen, crecen, y mueren en un mismo lugar, pueblo o ciudad. Pocas veces este hecho se debe a una elección propia o preferencia. Sucede que nunca se les presenta la posibilidad de conocer otros aires, otras culturas, otros estilos de vida.
Sin embargo este tema, como las monedas, tiene dos caras. Muchísimas personas anhelan fervientemente encarar otros rumbos, cambiar de paisaje, de aires, conocer otras culturas, Es algo muy triste observar individuos “aleteando” permanentemente como si fueran aves que pronto levantarán vuelo sin jamás poder concretar el ansiado despegue. Así planteadas las cosas, pareciera tratarse de una gran injusticia. ¿Quién es el dueño de la llave que abre la puerta “para ir a jugar”? Si piensan que la solución a este dilema la encontrarán en un libro, en manos de los gobernantes, de algún gurú o mente privilegiada, están equivocados. Una vez más, la clave está en uno mismo. Somos nosotros los que podemos modificar nuestra historia. Para que la realidad que nos rodea cambie, debemos necesariamente modificar conductas. El coraje es uno de los ingredientes indispensables, pero también se requiere trabajo duro, constancia, algunas privaciones y muchísima fe en Dios y en las propias fuerzas. No seamos conformistas, busquemos siempre lo mejor, lo excelente. No nos dejemos apabullar por las situaciones adversas, todo tiene remedio y es nuestro desafío abrir la ansiada puerta que nos conduzca a la vida que soñamos tener. MGT/11.- |


Quedarse en un solo sitio para siempre, no es algo que esté mal, siempre y cuando se trate de una situación o realidad escogida. Conocemos individuos a los que los cambios los asustan, prefieren lo conocido, son los que frecuentemente aseveran en tono jocoso: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Privilegian la cercanía con sus familiares, amigos, conocidos, no necesitan trasponer estos “límites íntimos” para sentirse felices o realizados, así se sienten bien, en contacto con lo tradicional y doméstico. Tampoco nos olvidemos de los conformistas, los que por miedo o cobardía, se aferran a lo que tienen a mano y ni siquiera sopesan la posibilidad de permitirse innovar en estas cuestiones.
aventurarse a lo desconocido, y en el arranque mismo chocan contra una pared invisible: la falta de medios.