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| Impulsos peripatéticos |
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¿Cómo nacen las grandes historias, aquéllas que marcan un antes y un después, el final o el principio de una era? Atractiva e insoslayable cuestión acabamos de acomodar sobre la mesa, ¿no lo creen? Mientras tratamos entre todos de dilucidar este profundo e insondable tema, que seguramente nos llevará un buen tiempo, les relataremos una experiencia. Dicho suceso no ocupó los titulares de los grandes medios, ni siquiera fue tema de conversación de las muchachas del barrio, pero no por intrascendente merece ser sepultado en el cementerio de lo inenarrable… allí donde habitan los fantasmas de los hechos nimios. No admitiremos tal injusticia.
Las mentes tienen esas cosas lo suficientemente inexplicables, por lo menos así ocurre con las que nos pertenecen. Existen directivas que parten de ellas y que, curiosamente, no pasan por el cedazo de la razón. Desconocemos cómo actúan, pero está comprobado que se las arreglan para tomar un atajo que las desvíen de lo lógico y así lograr sus objetivos. De esta manera consiguen que las personas cometan algo totalmente reñido con lo práctico y usual. Intentando sentar bases inamovibles sobre el asunto, les contaremos también que hace dos años, aproximadamente, Hace dos años ya que están, las “originales prendas”, arrinconadas y sin esperanzas de ver la luz del día, en el fondo del guardarropas. Conclusión: 1- Es duro ir contra la corriente de nosotros mismos. 2- Sale caro darle cabida o rienda suelta a los impulsos. 3- ¡Aproveche y adquiera a menos del costo el famoso “combo Impulso´s”! Combo Impulso´s: consta de medio kilo de cascarilla ecológica de cacao y dos buzos nuevos “cuatro colores shocking”, con 50% de descuento. ¡¡Imperdible!!
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Hace un tiempo atrás, estábamos mirando un programa de TV en el que se comentaron las bondades de la cascarilla de cacao. Automáticamente recordamos que, cuando éramos niños, nuestras madres, frecuentemente, usaban esta aromática cascarilla para prepararnos el desayuno. Rápidamente, cual bala disparada, nos dirigimos a una casa dietética y adquirimos medio kilo, casi sin pestañear.
salimos a comprar un par de buzos (imprescindibles y abrigadas prendas de vestir). Recorrimos varios negocios, hasta que dimos con uno que disponía de diferentes y atractivos modelos. Cuando la vendedora desplegó una media docena de dichas prendas sobre el mostrador, algo loco e insólitamente atrevido pasó por nuestras cabezas y se posó en ellas, cual mariposas que andan por la vida sin mayores apremios. Tradicionalmente, nos inclinamos por una indumentaria sobria y de colores uniformes, pero esta vez queríamos llevar a casa algo audaz, osado, diferente a lo de siempre. Finalmente nos aferramos a dos ejemplares, de cuatro colores cada uno, intensamente llamativos, ¡rojo, negro, verde y a-ma-ri-llo!
