Intramuros…

Las tertúlicas sobremesas que nos dispensamos y prodigamos en el hogar, son de antología. Anoche, aprovechando un sábado de noche espléndida y con una temperatura ideal para estar a aire libre, deleitándonos con sendos vasos con bebida cola mezclada con fernet y un vientito norte  que acompañaba, acompasadamente y sin mucha alharaca, iniciamos la peculiar reunión familiar.

En un momento dado, se me ocurrió hacer una broma, intentando cambiar los vasos, dándole a mi esposa el mío, que estaba menos lleno, o más vacío, y se produjo, luego de un silencio aturdidor, casi apabullante, el siguiente diálogo:

-Pepe lo tuyo tiene menos gracia que una tarántula manca.

-Puede ser pero, por una cuestión de redundancia, tendrías que cambiar de animal, ese ya está muy trillado.

-Bueno, entonces pondero que podría ser un mamboretá bizco, por decir algo exótico.

-Ese es un ejemplo muy forzado, no seas tan rebuscada, deberías pensar en algo más lógico.

-Es verdad, y no puedo negarte la razón, entonces ¿cómo le dicen a ese bicho que se hace bolita?

-Creo que … ¡bicho bolita!

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El final de la alocución es perfectamente adivinable, porque las obviedades imperan en la relación entre personas de prosapia vulgar y corriente, más vulgar que corriente. MGT/12.-

 

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