|
Leo es un querido amigo sobradamente inteligente, de eso no tenemos dudas. Sin embargo, todo lo que tiene de ingenioso, no lo exime del escandaloso despiste que lo caracteriza y lo pinta de cuerpo entero. Remando contra la corriente va alcanzando puertos antes nunca visitados por la gente convencional. Convengamos que se trata, esta última, de una bonita y original metáfora económico-financiera.
Continuando con el citado amigo, luego de unos años de intensa labor, y con mucho esfuerzo, consiguió comprar un automóvil, usado pero muy bien conservado, como dirían los expertos vendedores: “Un chichecito, nunca taxi ni remís”.
Cuentan los chismosos de siempre, que el muchacho quedó muy contento y satisfecho con su nueva adquisición. De tal manera que, para celebrar el evento, invitó a su esposa a dar una vuelta, luego a tomar algo en la Costanera y como broche del festejo, ir al cine. Vieron una buena película y, cuando salieron a la calle, fueron caminando hacia donde habían dejado el vehículo estacionado. Algo muy común, y que caracteriza a los flamantes dueños de unidades de transporte es que gustan contemplar, a sus recientemente adquiridas maquinitas, desde lejos, mientras se van acercando a los mismos también va “in crescendo” el arrobamiento. Es una extraña costumbre, extremadamente cholula, pero totalmente incorporada a la raza humana.
Cuando iban llegando al bólido, Leo se puso casi violento, comenzó a proferir una andanada de insultos a la vez que se quitaba la campera y se acostaba, prácticamente, detrás del auto, ensuciándose toda la ropa. Todo esto en cuestión de segundos. Al tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo, Soledad, la esposa, muy sorprendida le preguntó:
-¿Se puede saber qué estás haciendo? -¿Acaso estás ciega? ¿No te das cuenta que alguien nos chocó y el paragolpes quedó colgado? Si arrancamos y nos movemos, lo vamos a llevar arrastrando todo el camino. -Lo que no entiendo es lo siguiente, ¿por qué te preocupa tanto este auto? -¡¡Porque es nuestro y nos costó mucho tenerlo!! -Pero no, cabeza de chorlito, el nuestro es el que está estacionado cerca de la esquina, éste, que es bastante parecido, pertenece a otra persona. Cuando el dueño aparezca y vea que te molestaste en zambullirte debajo del auto para arreglarle el paragolpes, querrá pedirte un autógrafo y sacarse una foto a tu lado para mostrar a sus amigos y parientes, porque conoció a uno de los tipos más solidarios del planeta. Nunca sabrá que, en realidad, ¡¡conoció al tipo más despistado del planeta!!
|