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| Salir del aire |
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El sábado era el día que hacíamos nuestro programa radial MUCHAS GRACIAS A GOGÓ en una prestigiosa emisora de la ciudad de Posadas. Como eran varias horas las que estábamos ahí, llevábamos un termo con agua caliente para tomar mate, galletitas y algunas otras pequeñeces que nos ayudaran a pasar muy bien ese tiempo. Como se trataba de un programa humorístico, debíamos estar con la mejor onda posible, porque los oyentes percibían cualquier síntoma de falta de ánimo. Una mañana de sábado, cerca del horario de inicio del programa, estábamos todos los integrantes del equipo sentados No sabemos a ciencia cierta en qué tiempo y espacio ocurrió todo. A Pepe se le cayó la lapicera al piso y quiso alcanzarla sin levantarse del sillón. El sillón se inclinó más de lo conveniente y se deslizó peligrosamente de costado. Para evitar la irremediable caída, Pepe no tuvo mejor idea que prenderse de la mesa. El resultado no pudo ser peor. La mesa se ladeó y todo lo que estaba sobre ella comenzó a caer: termo, mate lleno de yerba, galletitas, micrófonos, monitores, etc. Y lo más grave fue que, en la catastrófica caída, Pepe se enganchó en el cable maestro, que es el que lleva la señal de la radio a la antena que está en la azotea. Un verdadero desastre. A continuación reinó e imperó un silencio sepulcral que llegaba a aturdir, no volaba una mosca, todos mirando al causante del desparramo, que se levantó y, arreglándose la ropa y sacándose algunos cables de encima, nos dijo: -¡La verdad, la verdad, hoy no estaba con el humor necesario para hacer el programa! Faltó poco para que lo tirásemos por la ventana. Por supuesto, ese día no salimos al aire. MGT/11.-
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alrededor de la mesa de la sala de locución, con los auriculares colocados, las computadoras encendidas buscando alguna noticia interesante para encontrarle el lado gracioso, cuando aconteció lo sucedido.