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| Aerosol de pimienta |
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Anduvimos unos días sin recordar lo que habíamos adquirido para defensa personal, cuando en un semáforo se presentaron algunos individuos de traza irregular y con cara de pocos amigos, pero felizmente la luz verde se encendió al instante y pudimos escabullirnos raudamente, como una anguila en un balde de mayonesa. Luego de unas cuadras detuve el vehículo y le dije a mi esposa: Entonces ella, como si se hubiese criado con el aerosol en la mano, sacó el brazo por la ventanilla y apretó el botón con el índice de su diestra. En ese preciso instante se pudrió todo. No tuvo en cuenta hacia dónde apuntaba el orificio de salida, ni la dirección del viento, así que una considerable cantidad de pimienta (o lo que sea) “aerosolizada” penetró fugazmente al habitáculo y se dirigió con escalofriante velocidad y exactitud a nuestros ojos y bocas. No quieran saber los niveles irritantes de estas microgotas. No quiero repetir las palabrotas y gruesos epítetos que surgieron repentina, fervorosa y estentóreamente en ese urticante lapso de tiempo, pero desde ese día se hizo popular la frase: MÁS PELIGROSA QUE CLARA CON AEROSOL DE PIMIENTA (los enemigos son más macanudos). MGT/11.-
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Como la inseguridad mantiene su vigencia intacta, un amigo nos sugirió tener uno de esos aerosoles de pimienta en el automóvil. Nos convenció y fuimos a comprar uno, tamaño grande para que dure más, y lo colocamos entre los dos asientos delanteros, en un lugar accesible, por si acaso.