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| ¡Mira qué luna! |
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La noche estaba espectacularmente bella, viento suave, temperatura agradable, silencio de feriado y una luna llena que iluminaba todo, absolutamente todo. Podría decirse que era un “cacho” de luna… Antes de salir al patio y sentarnos a tomar algo, le conté a mi esposo que la luna se presentaba de una forma inusual y que llevara la cámara para tomarle algunas fotografías. Nunca se sabe, a ciencia cierta, dónde podrán utilizarse estas imágenes. Estábamos acomodados en sendas silletas, bebiendo una bebida espirituosa cuando mi marido, extrañamente callado y taciturno, se me acercó lentamente, me entregó la camarita y me dijo, con una voz profunda y cavernosa, que estaba raro, como encendido, y no se sentía muy bien. Me susurró espeluznantemente que la luna estaba provocando en él algunos cambios. La imagen de abajo se la tomé al susodicho antes de que comenzara a corrernos, a la gata y a mí, por toda la casa, vaya uno a saber con qué propósitos benéficos y sin fines de lucro.
Yo no creo en el hombre lobo, pero que los hay…los hay, y a las pruebas me remito, ¡¡auuuu!! |


