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| Modas y Modismos |
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Indudablemente, estamos sumidos en un universo sumamente dinámico y las constantes variaciones nos obligan a estar actualizados para no quedar fuera de contexto. Esas vicisitudes pueden resultar perturbadoras, y hasta mortificantes, si no estamos plenamente consustanciados con el ritmo de las alteraciones que se van sucediendo. Dentro de todo ese raudal de modificaciones, se instalan algunas modas, de origen desconocido o ignorado, que tienden a marcar, por denominarlo de alguna manera, tendencias. La moda no incomoda, rezaba una primitiva frase también puesta de moda por algún creativo de otras épocas, pero no por eso significa que sea algo que permita avanzar a quien la practica o pregona. Si bien esta especie de hábitos ocasionales están digitados por quienes pretenden imponerlos, difícilmente lleguen para instalarse de modo categórico sino que ejercen su influencia durante lapsos bastante restringidos. No estamos en contra de las modas, siempre y cuando no perjudiquen a quienes las adoptan, simplemente queremos significar que nos llama la atención algunas que se establecen sin algún tipo de filtro que determine si realmente vale la pena que se les preste atención. Es muy difícil abstraerse de algo que está de moda, es necesario poseer una gran personalidad y un carácter fuerte para no caer en sus redes. También resulta muy cómodo seguirle la corriente a todo el mundo, lo complicado y azaroso es ir a contrapelo y chocar contra la mayoría facilista. En algún momento del siglo pasado, a alguien se le ocurrió dejarse crecer el cabello en símbolo de protesta. Inmediatamente, tal vez sin proponérselo, puso en vigencia una moda. Todos se dejaban el cabello largo pero la gran mayoría desconocía el fondo contestatario de la actitud, simplemente lo hacían porque estaba en boga hacerlo o porque les quedaba bien. Ocurrió lo mismo con las minifaldas y las maxifaldas, las botamangas anchas y los hotpants, las camisas floreadas y las bordadas, el cabello con gel fijador, las colitas ruteras y las largas antenas de los vehículos, las pulseritas de colores y las tribus urbanas. Todas tienen una vigencia efímera, vida útil, fecha de vencimiento y, la mayoría de ellas, perduran sólo en el recuerdo de algunos memoriosos sin haber dejado marca alguna. Las modas idiomáticas son un género digno de ser estudiado. Generalmente surgen de algún afamado conductor de medios periodísticos que, en su afán de marcar alguna diferencia, instala una frase que, por haber salido de él, parece ser digna de repetirse sin sentido. Como ejemplo pondremos la actual: “Son las doce del mediodía”. Así lo dijo alguien que no tuvo en cuenta la redundancia, y así, porque está de moda, lo repiten sin pensar, ni analizar, todos los locutores, periodistas y afines a lo largo y a lo ancho del espectro radiofónico y televisivo. También, a algún iluminado se le ocurrió pegar, en la parte posterior de su vehículo, una calcomanía en la que se halla representada su conformación familiar y, para no quedar fuera de contexto, la inmensa mayoría también lo hizo y sigue haciendo. Se ve cada cosa sin sentido.
Hoy en día, las nuevas modas, de todo tenor, calibre y trascendencia, surgen casi a diario y, muchas de ellas, se disuelven antes de que las alcancemos a conocer. La mayoría son inofensivas, pero hay algunas que merecen ser consideradas como maliciosas. Seguramente ampliaremos este tema en otro artículo, siempre y cuando esté de moda hacerlo. MGT/11.- |



