|
|||
| Deshonestos |
|
El gran libertador de América, el General Don José de San Martín dijo: “El que se ahoga no repara en lo que se agarra”, se trata de una máxima digna de ser pensada y repensada En tiempos de crisis, palabra muy usada esta última y lamentablemente harto escuchada en estos días, muchas personas, en su desesperación económica, apelan a cualquier engaño, trampa o artilugio para zafar o hacerse de unos pesos.
No son pocos los que piensan que un familiar cercano, amigo entrañable o vecino de toda la vida, jamás lo embarcará en un negocio turbio. Así es como bajan la guardia y luego vienen las lamentaciones. En cuestiones de dinero suele suceder que hasta los seres más queridos nos defraudan. No estamos hablando de toda la gente, existen honrosas excepciones, pero seamos conscientes de que la tendencia inclina la balanza para los primeros, los inescrupulosos. El ser humano corriente, por supuesto y menos mal que no son todos, cuando se encuentra acorralado, desesperado, Por tales motivos y para prevenir experiencias traumáticas y funestas, ante cualquier sospecha o duda, no dejemos de consultar con personas de confianza o entendidas en derechos y deberes: abogados, escribanos, legistas, etc. En ocasiones, es preferible invertir unos pesos en consultas y no perder mucho más por tomar decisiones apresuradas.Esta situación complicada, la estamos sobrellevando todos, pero no es cuestión que algunos la aprovechen para hacer chanchadas, ¿no? Cuando existe dinero u otro tipo de valores monetarios de por medio, debemos ser cautelosos y prudentes. Reservemos la candidez e inocencia para las cuestiones afectivas y no las “efectivas”. MGT/12.- |


Casi todos los días, nos enteramos o somos testigos involuntarios de alguna historia de terror, del tipo: “Me vendieron una propiedad que ya tenía dueño”, “Le presté dinero para hacer un gran negocio y desapareció de la noche a la mañana”, “La embarcó a mi mamá de garante y no pagó más, ahora le van a embargar la casa a ella”, y cosas por el estilo. Los medios de difusión manejan cientos de historias diarias de este calibre y nadie está inmune a sufrirlas, pues no discriminan razas, clases sociales, estado civil o género.
ahogándose, no mide ni repara en lo que se prende “para salvarse” de alguna manera. Quizás después se arrepientan, o no, pero el daño lo hacen de cualquier manera. Por eso, ¡atentos a los tiempos que estamos viviendo! Tratemos de andar con los ojos bien abiertos y los sentidos en estado de máxima alerta para que no nos tomen desprevenidos. 