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| Esperando los laureles |
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Una amiga sugirió:
-Sería muy bueno que compres este sombrero, te va a aportar estilo y glamour. Además aseguró, con total aplomo y confianza, que el secreto radicaba en llevarlo con gracia y soltura, como lo hacen las celebridades.
Desde ese entonces pasaron ya quince años y jamás, es decir nunca, conseguí lucir en ninguna oportunidad, al mencionado accesorio. La empresa de lograr que combine de alguna manera con la ropa que visto a diario, se hace sumamente Sin embargo, por más que lo he pensado en innumerables ocasiones, no puedo deshacerme de él, soy incapaz de hacerle daño. Les aseguro que este desdeñado integrante del universo sombreril, es inocente de toda culpa y cargo. Un día lo miré fijamente y le dije con total sinceridad: “No sos vos, soy yo”. En cierta ocasión llegué a pensar que podría servir como adorno o como elemento de utilería en alguna obra de teatro de mis amigos, pensando en que, de esta manera, podría sentirse realizado al cumplir la función para la cual fue concebido, pero nunca se presentó la oportunidad. Últimamente se me ha dado por pensar, quizás como producto de la fiebre primaveral o tal vez se deba a la escasez de carbohidratos, que es él quien no desea abandonarme… que, finalmente, se ha encariñado conmigo. Llegará el día en que, seguramente encontraré la fuerza interior, la seguridad, la personalidad necesaria para lucirlo con hidalguía, como él se lo merece. Hasta que llegue ese día, paciencia, por lo menos no está tan solo. Seguirá guardado junto a un montón de raros prendedores, pañoletas de colores rimbombantes, corbatas y moños, brazaletes dorados y demás accesorios estrafalarios que “duermen el sueño de los justos”, esperando el ansiado momento de salir y acaparar todas las miradas… MGT/11.-
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difícil e, inclusive, inaplicable. Pareciera que siempre “está fuera de lugar”, o es muy temprano, o ya es muy tarde, que no es tan sport, que es demasiado informal, tal vez si hiciese más frío o, es preferible un gorro de lana, que abriga más… intentar sacarlo a la calle se ha convertido en una suerte de ¡misión imposible!