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| Mañana de Domingo |
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Mañana de domingo. Equipo, calzados, botellita con agua y… ¡a caminar! Calle principal, plaza central, veredas vacías, brisa especial, clima perfecto. Nada mejor que una caminata matutina para distenderse y ejercitar las piernas, fortalecer el cuerpo y relajar el espíritu. Noche de farra, tragos prolongados, resaca, cansancio, mal humor. Nada peor que amanecer ingiriendo bebidas alcohólicas y luego salir a las calles, nada peor… Si unimos los dos párrafos nos encontraremos con la siguiente escena: dos personas que, En una esquina cualquiera se produce el encuentro, los dos caminantes y el automóvil con sus cinco ocupantes. Los peatones se detienen en el borde de la calzada para permitir el paso del vehículo. Cuando van pasando, se escuchan un montón de barbaridades que provienen del interior del auto. Los caminantes no hacen caso de las idioteces proferidas por los borrachos y siguen su marcha. En la esquina siguiente, se produce otro encuentro, no casual esta vez, y se reiteran las ofensivas palabras por parte de los jóvenes que, envalentonados por la cerveza y el número, no pensaron en que uno de los caminantes reaccionaría. La persona detuvo el auto y dirigiéndose hacia el interior del mismo les pidió que, si tenían que decir algo, se bajaran y lo dijeran de frente, como corresponde. Agregó que, si no se animaban a decir, de a uno, todo lo que habían dicho, que dejaran de molestar y se fueran a dormir. Curiosamente, el automóvil arrancó, partió raudamente y no se lo volvió a ver en las proximidades. La soledad nos inhibe, lo mismo que la sobriedad, pero el hecho de juntarnos entre dos o más personas y, como complemento, tomar alguna bebida alcohólica nos puede llegar a convertir en las personas más indeseables, cobardes, delincuentes y perversas, por arriesgar algunos calificativos. Todo lo malo que no nos animamos a hacer en solitario podemos llegar a hacerlo en compañía. Hacemos hincapié en lo malo porque, lamentablemente, pocas veces esas asociaciones persiguen buenos fines. Seguramente se debe a la falta de carácter, o de personalidad, porque alguien que sabe bien lo que quiere nunca llegaría a esos extremos ni necesitaría juntarse con otro para conseguir lo que busca. Hay tantas causas posibles para estos malos efectos que, por nombrar algunas, seguramente dejaremos de lado otras tanto o más importantes. Ayudaría muchísimo el hecho de que los padres controlaran más las salidas de sus hijos. Saber a qué lugares concurren los jóvenes, y con quién, colaboraría en gran medida a conseguir la solución de muchos problemas ocasionados por el descontrol. Es importantísimo que, cuanto antes, se quiten el velo que no les permite visualizar las acciones de los hijos. Es fundamental que, si se enteran de que han hecho algo malo, no procuren ocultar todo ni pretendan minimizarlo. Convengamos que esta conducta no es privativa de los jóvenes, hay adultos que, seguramente, por arrastrar resabios de su juventud, también cometen este tipo de tropelías. Generalmente, los hijos de estos últimos exponentes, también deberán cargar con esa nefasta herencia. La respuesta estaría en el buen ejemplo, en el trato respetuoso pero enérgico, en el compañerismo entre padres e hijos, en interesarse en lo que piensan y con que sueñan. Tendríamos que hacernos un tiempito para meditarlo. MGT/10.-
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mentalizadas por mantenerse en buen estado, físico y mental, deciden salir a caminar por el centro de la ciudad un domingo a la mañana, muy temprano. Cinco muchachones que, amparados, apañados y subsidiados por sus padres, luego de libar cantidades espeluznantes de bebidas alcohólicas, resuelven salir del boliche, subirse a un automóvil, propiedad de alguno de sus mayores, y recorrer las calles céntricas de la ciudad antes de ir a dormir su borrachera.