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| Frivolidad |
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Frivolidad, palabra usual en estos tiempos que corren, es lo que todos niegan pero muchos practican. Es la tendencia del facilismo que desemboca, inexorablemente, en el culto a lo trivial e intrascendente. Es la manera de vivir la vida que no deja nada rescatable, mental y culturalmente hablando, en las personas que la cultivan. Sin embargo, en una sociedad donde la gente vive pendiente de lo que sucede en los programas de Tinelli, de las No queremos caer en la crítica sin razón, por el contrario, entendemos que, mientras muchos ciudadanos se entretienen con trivialidades sin profundidad alguna, están aconteciendo sucesos que determinan nuestro futuro y condicionan nuestra existencia. Lo más grave es que ocurren sin que se den cuenta y, cuando quieren reaccionar, no pueden hacerlo porque no saben de qué se trata. Hay una tendencia, entre quienes maquinan el devenir de las cosas, a considerar que la frivolidad es la gran asignatura que debemos enseñar, principalmente a los niños en las escuelas y luego a los jóvenes en colegios y universidades, porque es fundamental para evitar la caída en formas de fanatismos, intolerancias o fundamentalismos. Que se debe propender, para ello, a poseer un pensamiento frágil, desprovisto de ideas fuertes, de sentimientos que tengan hondura o de creencias excesivamente vividas. La frivolidad tiene que presidir la vida pública, las instituciones educativas y, como no, los ámbitos de comunicación de masas. Esto es muy grave, analícenlo. La frivolidad tal vez podría tolerarse cuando no afecte las estructuras, ni los ejes fundamentales sobre el cual gira una sociedad coherente y reflexiva. Lo complicado surge cuando uno se ríe o banaliza determinados núcleos conceptuales o valores esenciales de la vida, en ese caso se convierte en una pesadilla. Debemos lograr que tenga sentido la diferencia entre lo esencial y lo accidental, entre lo categórico y lo anecdótico, pues no todo tiene el mismo valor en la vida humana. Además, los cultores de la frivolidad incurren en una contradicción lógica, deben evitar caer en la defensa beligerante de la frivolidad; tienen que ser igualmente frívolos y aceptar que otros puedan considerar frívolamente su frivolidad. Como contrasentido se desarrollan ponderaciones de la frivolidad con una energía y ardor que no dejan de asombrarnos. ¡Es lo que está ocurriendo! ¡Está sucediendo, ya! Estamos rodeados por un manto de frivolidad que no nos permite avizorar lo realmente importante que sucede detrás de él. La cortina de humo nos está embriagando y es necesario que reaccionemos en forma urgente antes de caer en el total facilismo y la vacía trivialidad. MGT/10.-
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“peleas” de famosos por televisión, de la petulancia de Ricardo Fort y otros despropósitos, difundidos hasta el cansancio en todos los medios de comunicación, la frivolidad hasta podría considerarse una virtud. El que no está en sintonía con la onda frívola porque no adquirió el último modelo de celular o no compró una ropa de tal marca está totalmente fuera de lugar. Son los códigos que rigen y marcan el rumbo en Frilandia.