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| Idolos... |
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La propensión a idolatrar a quienes se destacan por algún motivo, es muy propia de las personas. Deportistas, políticos, actores, cantantes acceden a la categoría de ídolos y eso no está del todo mal. Lo que no se logra entender es que haya gente que llegue a la adoración y veneración, no sólo de quien hayan seleccionado como ídolo, sino a todo lo que éste haga o deshaga. No les importa si el idolatrado comete algunas acciones reñidas con las buenas costumbres, todo es tolerado y perdonado, el ídolo es lo máximo. Entonces surge el mercadeo de los recuerdos. Fotos, revistas, discos, carteles o cualquier elemento donde figura la imagen o el nombre del susodicho astro son adquiridos, guardados, conservados y muy bien cuidados como si fueran documentos de los que depende el futuro de la humanidad. Se puede celebrar, apreciar, ponderar y hasta imitar a alguien que marque una diferencia entre sus Dentro de todo este espectro de modelos y ejemplos, nos centraremos en una categoría que nos preocupa sobremanera, los corruptos. Existe una marcada tendencia a idolatrar individuos de dudosa prosapia y espesos antecedentes, sólo por el hecho de haber juntado dinero rápidamente, sin aclarar de qué forma lo hicieron. Es muy común escuchar como se vitorea a los ladrones que robaron varios millones de un banco, o como se aclama a funcionarios públicos que, sin ningún cargo de consciencia, se han enriquecido en sus puestos. El peligro de endiosar a los indignos e inmorales nos llevaría al acostumbramiento de convivir con esa especie de malas actitudes. Inclusive podemos perder la capacidad de asombro y convertir a los deshonestos en verdaderos modelos a ser copiados. Lamentablemente es muy difícil que un trabajador, que ha bregado toda la vida por tener algo, se gane la admiración de la mayoría. En este mundo facilista, nunca llegará a ser tenido en cuenta como ejemplo, salvo por unos pocos que, seguramente, serán trabajadores como él. MGT/10.-
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congéneres y se destaque, de alguna manera, en lo que realice. Pero entendemos que no es muy indicado llevar el fanatismo a extremos de ensalzar y glorificar a quien se admira, porque no es más que una persona común y corriente, con virtudes y defectos como cualquiera.
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