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| Discutir con fundamentos |
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Las discusiones y los debates son algo apasionante, sin importar mucho el tema que se trate. El hecho de armar, de modo ordenado, lo se pretende comunicar y brindar datos genuinos, que sean el soporte de la discusión, es algo muy ventajoso Personalmente, recuerdo que, hace unos años, cuando discutía con alguien era común que perdiese, aun teniendo los mejores argumentos. No lograba comprender por qué sucedía esto hasta que, con el tiempo y gracias a sabios consejos de gente que me quiere bien, noté que mi carácter, explosivo y directo, no me permitía defender mi postura sin caer en la alteración o la impaciencia. Ese era el motivo. Muchas veces, equivocadamente, en nuestras discusiones acostumbramos esgrimir insultos como defensa. Cualquier tipo de improperio, las malas palabras, las frases despectivas, las burlas, son utilizados como medios El uso de este tipo de recursos, indefectiblemente, nos transportan al enojo, y no es conveniente ni saludable discutir enojado. En los momentos de poca tolerancia, de mucho arrebato y alteración se acuñan los peores disparates, es por eso que hay que tener mucho cuidado de no expresarlos porque sólo servirían para empeorar la situación. La finalidad de las discusiones debe ser la de llegar a un acuerdo, que sea dado por el razonamiento de lo expresado. No se Así que, a la hora de discutir, los impulsos y los arrebatos deben ser reemplazados por la razón, para ser esgrimida en el instante correcto, en el momento preciso. Las discusiones civilizadas deben llevarse a cabo en buenos términos y mutuo respeto. El entendimiento y la comunicación Recomiendan discutir con altura, con categoría, sin soberbia pero con autoridad, y también sugieren que nunca debemos discutir con un imbécil, porque nos hará descender a su nivel y allí nos ganará por experiencia. MGT/11.- |


en cualquier ámbito. Es imprescindible tener aclarados los conceptos que deseamos dejar sentados cuando debatimos un asunto en nuestra vida cotidiana. Porque si no manejamos con precisión nuestros argumentos seguramente no podremos transmitirlos con la fuerza necesaria.
para ganar terreno ante nuestros oponentes. Generalmente nos ocurre esto por carecer de capacidad para contenernos y por aspirar a un inconsistente triunfo intimidando al rival. En el fragor del intercambio de palabras nos dejamos arrastrar por la contundencia, que nuestros dichos tengan sobrada fortaleza, pero sólo logramos darle más argumentos a la otra parte para que dude de lo que decimos y nos pueda rebatir fácilmente. Entonces, cuando hacemos uso de exabruptos para dirimir una cuestión, todo lo que expresamos puede ser utilizado en nuestra contra.
se consigue cuando hay disposición de las partes intervinientes, por lo tanto es importantísimo no ser el lado discordante de la figura.