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| La buena fe |
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Constantemente somos sorprendidos en nuestra buena fe. Quienes actuamos sin doble mensaje, con una comunicación directa y frontal, chocamos con la cruda realidad, artera y taimada, que nos muestra su cara oculta.
¿Cuál sería la diferencia entre buena y mala fe? La respuesta es sumamente sencilla, obrar de buena fe es actuar con ética y responsabilidad, de acuerdo con las reglas y buscando una facilidad y beneficio mutuo. Proceder de mala fe es operar con una intención escondida, generalmente mala, valiéndose de la mentira y de las falsas apariencias. Tener mala fe es ocultarse cuando hay que dar la cara, y tener buena fe es, por lo consiguiente, dar la cara aun cuando la prudencia sugiere que es mejor esconderse. Tanto la buena como la mala fe, generalmente, son términos que se circunscriben a lo jurídico, pero son aplicables a todos los ámbitos en que se desarrolla la vida porque, así como muchísima gente pone lo mejor de sí en sus actividades, procurando un bienestar consecuente, otro tanto, lamentablemente, se vale de argucias, falacias y fraudes para alcanzar sus engañosas metas. Las relaciones humanas, desde las comerciales a las afectivas, son un muestrario del accionar Siempre es necesario conducirse correctamente, de la mejor manera posible y con buenos objetivos. Si las cosas no salen bien, por lo menos surgirá el orgullo de haber hecho lo correcto. Proceder de mala fe por voluntad propia puede resultar redituable, pero no importa cuánto beneficio se obtenga, porque la conciencia, tarde o temprano pasará factura y pedirá explicaciones.
El resultado de lo que hacemos escapa a nuestro control, lo único que podemos controlar y de lo que somos responsables, es nuestra manera de comportarnos. Luego de haber actuado del modo que creemos correcto, el producto es lo de menos pero, evidentemente, si es bueno, ¿qué más podemos pedir? MGT/11.-
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La buena fe es la conciencia de haber hecho algo, lo que fuere, con medios legítimos, con la mejor de las voluntades y sin la intención de perjudicar a alguien. Es actuar de frente, sin vueltas ni atajos, directamente y con el convencimiento de estar haciéndolo bien.
de las personas y, en la mayoría de ellas, se pueden advertir las buenas intenciones de quienes intervienen. En el resto, no es posible vislumbrar los malos propósitos hasta que salten a la vista.