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| Excusas y motivos |
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Cada vez que transponemos el umbral de nuestra casa para introducirnos en el mundo, nos encontramos, casi de sopetón, Lo que sucede es que nos resulta más cómodo encontrar excusas para amargarnos que hallar motivos para alegrarnos. Es inexplicable pero cierto, poseemos una exagerada propensión al disgusto y a la pena, antes que al agrado y la alegría. La susceptibilidad nos domina y ante cualquier razón, hasta la más insignificante, no vacilamos en enojarnos y llenarnos de rencores y broncas. Entonces deambulamos con nuestros contrariados y avinagrados semblantes, anhelando encontrar algún prójimo en quien descargar todo nuestro nerviosismo y Debemos entender, de una buena vez, que la vida es una gracia recibida y que, como tal, debemos intentar sobrellevarla de la mejor manera posible. Tal vez no tengamos tantas razones para ser felices pero cada una de ellas vale mucho más que los pretextos esgrimidos para estar indignados y sentirnos fastidiados. Cambiará el mundo el día que todos reconozcamos esa debilidad por el enojo y logremos desprendernos de ella. Y eso debería conseguirse, aunque sea de a poco, pero con firmeza y decisión. Para que nos encontremos todos, frente a frente, con la mirada clara y la sonrisa amplia aceptando el desafío de los contratiempos con el mayor de los optimismos. MGT/12.- |


con un conjunto de rostros grises, compungidos y mortificados. Son, lamentablemente, la mayoría. Todos con esa mirada enfocada más allá de lo que puedan divisar y con una sobrecarga de tensiones que endurece sus facciones transformándolas en afligidas máscaras.
desasosiego. De esta manera contribuimos con la pesadumbre que impera sin razón.