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| Saber comer |
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LA CLAVE PARA UNA BUENA SALUD
Siempre buscamos darles lo mejor a nuestros hijos, y en ese afán, muchas veces, le damos el gusto, llenando la heladera de alimentos muy calóricos y no nutritivos, tales como: fiambres, galletitas y dulces de distintas marcas, golosinas, chocolates, etc., y la lista puede seguir. Cambiemos estos malos hábitos y preocupémonos de que reciban desde niños una alimentación equilibrada, sana y adecuada, que les ayudará a tener un futuro mejor, porque evitarían muchísimas enfermedades como obesidad, diabetes, litiasis biliar (piedras en la vesícula) hipercolesterolemia (colesterol alto), hipertrigliceridemia (triglicéridos alto), etc. Los padres debemos ofrecerles a nuestros hijos otras opciones más sanas, desde pequeños, para acostumbrarlos a saber elegir lo mejor. Algunas recomendaciones para una alimentación equilibrada:
Dejemos las frituras y gaseosas sólo para algunas ocasiones o fin de semana, ya que no aporta ningún beneficio al organismo, sólo suma calorías. Tratemos de elegir siempre pan integral con semillas, ya que los mismos poseen muchas fibras que favorecen al tránsito intestinal. Tomar en el verano de 2 a 3 litros de agua, sin incluir mate o tereré. Acompañar siempre una buena alimentación con actividad física de 3 a 4 veces por semana. La buena alimentación arranca por saber elegir lo que nos conviene, por lo tanto debemos comenzar, desde temprana edad, a enseñarles nuestros hijos lo conveniente de reemplazar una galletita por una fruta, un jugo comprado por un jugo natural hecho en casa, una milanesa o empanada frita por una hecha en el horno, hamburguesas por un sándwich de lomito hecho con carne magra, etc. El resultado de nuestra opción se verá reflejado en la salud del mañana. Valoremos nuestra salud y empecemos a asimilar y elegir una alimentación sana.
Gladys Noemí González
Licenciada en Nutrición
Encarnación - Paraguay |


En la actualidad aumentaron las enfermedades relacionadas con nuestra alimentación, es normal que esto suceda, ya que todo lo importamos del exterior y, lastimosamente, lo malo se nos pega más fácilmente. Somos muy permeables a las costumbres que nos venden las campañas publicitarias. Estamos muy acostumbrados a consumir varias veces en la semana las comidas rápidas como pizzas, empanadas, hamburguesas, milanesas, panchos, gaseosas, jugos artificiales, etc. Y, cuando lo hacemos, nosotros mismos nos sentimos contentos por haberle ofrecido a nuestros hijos los que son sus preferidos. Mientras que, lo único que estamos haciendo es acrecentar la preferencia por una alimentación que traerá consecuencias dañinas para nuestra salud.